Desde los tiempos de Adán nunca nadie se había sentido tan solo.



Lunes en la Luna. 












Uno se pasa la mitad de la vida pensando que no está preparado para hacer lo que más le gusta y la otra mitad pensando que ya es demasiado tarde para intentarlo. 

Michael Collins
para Constar.





Mar de la Tranquilidad.

















Al acercarse a la órbita lunar uno estará a 386.000 kilómetros de casa.

El momento del lanzamiento es el más peligroso, el menos controlable, y uno está literalmente atado en la punta del mechero más grande del mundo, encerrado en una cápsula. La presión sobre la espalda y el cerebro en esos primeros instantes del despegue es brutal: los brazos y las piernas pesan el doble, fuera de la escotilla el cielo se vuelve negro y en un momento dado olvidas todo lo aprendido y se pregunta cómo diablos va a seguir respirando ahí dentro. Es difícil calmarse en esas circunstancias porque uno puede engañar al cuerpo o a la mente, pero no a los dos al mismo tiempo.





Michael Collins
“El hombre que no pisó la Luna”






Un astronauta que gira alrededor de la Tierra ve salir y ponerse el sol 16 veces en un mismo día. Arriba de la atmósfera terrestre no hay un solo arco iris igual a otro, los colores son ocho en lugar de siete y van cambiando de intensidad a medida que la nave avanza.

 





La nave tenía cinco ventanillas, pero en determinado momento, debido al ángulo de inclinación, me era imposible ver la Tierra a través de ninguna de ellas. De pronto me había quedado sin referencias geográficas o cósmicas porque el ángulo del Sol también me impedía ver las estrellas.

Si no estoy en la tierra y la Tierra no flota ahí fuera,
¿dónde se metió la Tierra?















¿Nunca sientes remordimientos por haber llegado hasta
allí arriba y no poder bajar a pisar la Luna?

Uno se pasa la mitad de la vida creyendo que no está preparado para hacer lo que más le gusta y la otra mitad convencido de que ya es demasiado tarde para intentarlo.

La gente olvida la magnitud de los proyectos y recuerda solamente a las caras visibles. Fueron miles de técnicos, ingenieros, médicos, pilotos, controladores de vuelo y mecánicos en el proyecto.




¿Y aún piensan que yo necesitaba pisar la Luna para ser feliz?










Origen texto: La nación  /  Fotografías: La nasa